Galicia celebra más de 10.000 fiestas al año. No es una exageración turística ni una estadística inventada para impresionar: es la consecuencia lógica de una cultura que lleva siglos encontrando motivos para reunirse, comer, beber, bailar y quemar pólvora. Santos patronos, cosechas, mariscos, vinos, santos que nadie recuerda muy bien pero que justifican una verbena — cualquier pretexto es válido.
En Galicia no se celebra a pesar de la lluvia. Se celebra con la lluvia, bajo la lluvia y, ocasionalmente, gracias a que paró de llover. La fiesta es una institución tan arraigada en el tejido social gallego que superar una pandemia global no hizo sino aumentar las ganas de volver a ella.
El Entroido — el carnaval gallego — es uno de los más antiguos y peculiares de España, con raíces celtas y prerromanas que sobrevivieron incluso a los intentos de la Iglesia por suprimirlo. No es el carnaval de disfraces comerciales y purpurina: es una fiesta de máscaras, rituales y personajes de una antigüedad que impresiona.
Los más famosos son:
Entroido de Xinzo de Limia (Ourense): el más largo de España, con más de cuarenta días de celebraciones. Sus pantallas — figuras enmascaradas con traje de colores, cencerros y vejigas de cerdo con las que persiguen a los transeúntes — son una figura de carnaval única en el mundo.
Entroido de Verín (Ourense): famoso por sus cigarróns, personajes con máscaras grotescas, traje de colores vivos y un cinturón de cencerros que hacen un ruido ensordecedor al correr por las calles. De origen incierto — algunos dicen que representan demonios, otros que espíritus de la fertilidad — su aparición en las calles de Verín es uno de los espectáculos más singulares del carnaval peninsular.
Entroido de Laza (Ourense): con sus peliqueiros de máscara feroz y sombrero de plumas, y la tradición de lanzar hormigas, barro y polvo de cal entre los participantes. Una fiesta que hay que ver al menos una vez, preferiblemente con ropa que no importe demasiado.
Entroido de Cobres (Pontevedra) y el Oso de Salcedo completan un panorama de carnavales rurales que tienen en común la antigüedad, la rareza y la ausencia total de concesiones al turismo de masas.
La Semana Santa gallega tiene un carácter propio que la distingue de las procesiones andaluzas o castellanas. Más austera, más íntima, con una atmósfera que en los pueblos y ciudades pequeñas mantiene una autenticidad religiosa que el turismo todavía no ha transformado en espectáculo.
La Procesión del Cristo de la Misericordia en Viveiro (Lugo) es Fiesta de Interés Turístico Internacional: los penitentes caminan descalzos, con cadenas atadas a los pies, en una procesión nocturna de una sobriedad perturbadora. La de Ferrol también tiene fama nacional por su rigor y su tradición.
El verano gallego es, en gran medida, una fiesta continua. Desde junio hasta septiembre, apenas hay fin de semana sin verbena, romería o festival en algún punto de la comunidad.
La fiesta más importante de Galicia y una de las más importantes de España. El 25 de julio — día de Santiago Apóstol, patrón de Galicia y de España — es el culmen del Año Jacobeo y el punto de llegada de millones de peregrinos a lo largo de la historia.
La víspera, el 24 de julio, tiene lugar el espectáculo pirotécnico más famoso de Galicia: el Fuego del Apóstol, una recreación de la quema de la fachada de la catedral con fuegos artificiales que lleva celebrándose desde el siglo XVIII. La Praza do Obradoiro — con la catedral iluminada y los fuegos sobre ella — ofrece una imagen que pocas ciudades del mundo pueden igualar.
El 25 de julio es Día Nacional de Galicia, con actos oficiales, la Misa del Peregrino en la catedral — con el famoso botafumeiro en pleno vuelo — conciertos y celebraciones que llenan Santiago de una energía que los otros 364 días del año no tienen.
Cuando el 25 de julio cae en domingo se celebra el Año Santo Compostelano o Año Xacobeo, que multiplica la afluencia de peregrinos y las celebraciones. El siguiente es en 2027.
O Marisquiño — celebrado en agosto en el puerto de Vigo — es uno de los festivales de deportes urbanos más importantes de Europa: skateboard, BMX, surf, breakdance y cultura urbana congregan a decenas de miles de personas durante varios días en el paseo marítimo vigués. Gratuito, multitudinario y con una energía que contrasta de manera interesante con la imagen habitual de Galicia como destino de naturaleza y cultura tradicional.
La Noche de San Juan — la noche más corta del año, el solsticio de verano — es en Galicia mucho más que en el resto de España. La tradición pagana de encender hogueras para ahuyentar a las meigas se mezcla con la festividad cristiana en una noche que en las ciudades costeras tiene una dimensión espectacular: hogueras en la playa, saltar las llamas, quemar trastos viejos del año, bañarse en el mar a medianoche y, en algunos lugares, el ritual de la queimada al aire libre con su conjuro correspondiente.
En A Coruña la celebración es especialmente multitudinaria, con hogueras en toda la ciudad y el paseo marítimo convertido en un festival nocturno.
La Rapa das Bestas es una de las tradiciones más espectaculares y más genuinamente gallegas que existen. En varios municipios de la provincia de Pontevedra — especialmente en Sabucedo (A Estrada), donde la celebración es Fiesta de Interés Turístico Internacional — los caballos salvajes que viven en libertad en los montes son reunidos, conducidos a un recinto llamado curro y sujetados a mano por los aloitadores para cortarles las crines y marcarlos.
No hay cuerdas, no hay instrumentos de sujeción: solo hombres a caballo y a pie que dominan a los potros con las manos. Es un espectáculo que genera reacciones encontradas en quien lo ve por primera vez — entre la fascinación y el desconcierto — pero que lleva siglos siendo parte del tejido cultural de las comunidades montañesas gallegas.
Se celebra el primer fin de semana de julio en Sabucedo. La afluencia de visitantes crece cada año.
Galicia ha elevado la fiesta gastronómica a una forma de arte. Prácticamente cada producto local tiene su propia celebración.
La Festa do Marisco de O Grove es Fiesta de Interés Turístico Nacional y una de las más visitadas de Galicia. Durante diez días en octubre, O Grove se convierte en la capital mundial del marisco: puestos de degustación, concursos de cocina, exposiciones de productos del mar y colas que en los mejores años han congregado a más de 150.000 visitantes.
Los precios son razonables para la calidad del producto — ostras, navajas, berberechos, mejillones, percebes, centollos, bogavantes — servido recién cocido con pan gallego y Albariño. Si hay un argumento gastronómico para visitar Galicia en otoño, este es.
Cambados — capital del Albariño, en la Ría de Arousa — celebra cada primer fin de semana de agosto su Festa do Albariño, Fiesta de Interés Turístico Nacional. Catas de vino, concursos, exposiciones de bodegas, música y la degustación del mejor Albariño de la cosecha en el entorno del pazo histórico de Fefiñáns.
Es la fiesta del vino más importante de Galicia y una de las más elegantes — en la medida en que una fiesta gallega puede ser elegante, que tiene sus límites.
El calendario gastronómico festivo de Galicia es, literalmente, inagotable:
Festa do Pulpo de O Carballiño (Ourense, agosto): Fiesta de Interés Turístico Nacional. Se cocinan y consumen decenas de toneladas de pulpo á feira en un solo día.
Festa da Empanada de Bandeira (Silleda, agosto): competición y degustación de empanadas gallegas de todos los rellenos imaginables.
Festa do Lacón con Grelos (Lalín, febrero): el plato del Carnaval tiene su propia fiesta en la capital chacinera de Galicia.
Festa da Lamprea de Arbo (Pontevedra, abril): la lamprea — un pez primitivo de apariencia intimidante y sabor exquisito para los iniciados — tiene su celebración propia en el Miño.
Festa do Queixo de Arzúa (A Coruña, marzo): la feria del queso más importante de Galicia.
Festa da Pataca de Xinzo (Ourense): porque incluso la patata merece su fiesta en esta tierra.
El Festival Internacional do Mundo Celta de Ortigueira — celebrado cada julio en esta villa de la Costa Ártabra — es el festival de músicas celtas más importante del mundo hispanohablante y uno de los más respetados de Europa. Durante cuatro días, músicos de Galicia, Irlanda, Escocia, Bretaña, Asturias, Gales y Cornualles comparten escenario en un festival que lleva desde 1978 celebrando la raíz cultural común del arco atlántico.
Es una fiesta de gaitas, de danzas, de campamentos y de una fraternidad entre culturas que en estos tiempos resulta especialmente valiosa.
El Resurrection Fest — celebrado cada julio en Viveiro — es el festival de metal más importante de España y uno de los más relevantes de Europa. Durante cuatro o cinco días, bandas de heavy metal, thrash, death metal y géneros afines congregan a más de 80.000 personas en una villa de 15.000 habitantes, en lo que es uno de los ejercicios de logística más heroicos del panorama festivalero nacional.
La combinación de metal extremo y paisaje atlántico gallego es una de esas paradojas que solo Galicia puede producir con naturalidad.
El Noroeste es el festival de música más importante de A Coruña: varios días de conciertos gratuitos en el paseo marítimo con artistas nacionales e internacionales de pop, rock e indie. La entrada es libre, la ubicación es inmejorable y la asistencia habitual supera las 100.000 personas a lo largo de los días del festival.
Más allá de las grandes fiestas con proyección nacional, la vida festiva gallega late en las romerías parroquiales — fiestas patronales de aldeas, parroquias y villas que se celebran con una orquesta de verbena, un puesto de pulpo, fuegos artificiales y un nivel de entusiasmo inversamente proporcional al tamaño del municipio.
Estas fiestas no están en los folletos turísticos. No tienen página web ni perfil de Instagram. Son la fiesta de toda la vida, la que conoce todo el pueblo y a la que viene la emigración en agosto — los gallegos de Suiza, de Alemania, de Argentina y de Madrid que vuelven al pueblo para la fiesta patronal con una puntualidad que ninguna otra cita consigue.
Encontrar una romería local en verano no requiere esfuerzo: basta con preguntar en cualquier bar del pueblo. Siempre hay una el fin de semana siguiente.
Las fiestas gallegas son, en conjunto, un retrato de lo que esta tierra es: antigua y moderna, religiosa y pagana, austera y desbordante, local y universal. En la misma semana puede haber una procesión de penitentes descalzos y un festival de metal para ochenta mil personas.
Galicia no elige entre sus contradicciones. Las celebra todas.
Con fuegos artificiales y un vaso de Albariño en la mano.