Un repaso por los habitantes originales de Galicia — los que estaban aquí antes de que llegaran los romanos, los suevos y los turistas del Camino.
Si la flora gallega es exuberante hasta la provocación, la fauna no se queda atrás. Galicia alberga una diversidad animal que resulta inversamente proporcional a su tamaño en el mapa de Europa y directamente proporcional a la variedad de ecosistemas que comprime en sus 29.574 kilómetros cuadrados: costa atlántica, rías, ríos, bosques caducifolios, turberas de alta montaña, sierras del interior. Cada uno de estos hábitats tiene sus propios inquilinos, algunos carismáticos, otros discretos hasta la invisibilidad, y unos pocos directamente amenazados por la combinación de talento humano para la destrucción y cambio climático.
El resultado es un territorio que los ornitólogos, los herpetólogos y los mastozoólogos visitan con la misma devoción con que los peregrinos visitan Santiago — aunque con mejores prismáticos y menos ampollas.
El Lobo: El Animal que Galicia No Sabe si Quiere
Pocas especies concentran tanta controversia por kilogramo de peso como el lobo ibérico (Canis lupus signatus). Galicia alberga la población de lobos más numerosa de la Península Ibérica — estimaciones recientes sitúan entre 80 y 120 manadas en territorio gallego, lo que convierte a la comunidad en la gran reserva lobuna del sur de Europa Occidental, distinción que los ganaderos de las sierras del interior celebran con un entusiasmo bastante moderado.
El lobo gallego es un animal de inteligencia notable, comportamiento social complejo y una habilidad para matar ovejas que los pastores de O Courel y Os Ancares confirman puntualmente. La polémica sobre su gestión — protección estricta versus control de poblaciones — enfrenta a ecologistas y ganaderos con la ferocidad característica de los debates en los que ambos bandos tienen razón en parte y ninguno tiene razón del todo. La Xunta de Galicia, atrapada en el medio, lleva décadas gestionando el asunto con la agilidad típica de quien camina sobre brasas con zapatos prestados.
En la cultura gallega, el lobo tiene una presencia mitológica densa: el lobishome — el hombre lobo gallego — protagoniza una tradición folclórica que refleja perfectamente la relación ambivalente entre la población rural y un animal que era vecino antes de que llegaran las granjas.
El Oso Pardo: El Visitante Ilustre
El oso pardo cantábrico (Ursus arctos arctos) no es estrictamente una especie gallega, pero ejemplares procedentes de las poblaciones asturianas y leonesas cruzan ocasionalmente hacia las sierras orientales de Galicia — Os Ancares y A Serra do Courel — con la discreción de quien no quiere complicaciones burocráticas con la administración autonómica correspondiente. Su presencia en territorio gallego es irregular, escasa y suficiente para que los comunicados de prensa de la Xunta la mencionen cuando conviene.
El Corzo y el Jabalí: Los Que Prosperan Sin Pedir Permiso
El corzo (Capreolus capreolus, corzo) es el cérvido más abundante de Galicia y ha experimentado en las últimas décadas una expansión poblacional que los ecologistas celebran y los conductores nocturnos de carreteras comarcales reciben con sentimientos encontrados. Adaptado a los bosques fragmentados y los matorrales del interior, el corzo es hoy una presencia habitual en zonas donde décadas atrás había desaparecido.
El jabalí (Sus scrofa, xabaril) merece una mención especial por su capacidad para prosperar en cualquier circunstancia, incluyendo las que cualquier otro animal encontraría adversas. Omnívoro, prolífico, inteligente y absolutamente desprovisto de escrúpulos ecológicos, el jabalí ha colonizado los bordes de ciudades y pueblos gallegos con la naturalidad de quien sabe que nadie va a molestarse en desalojarlo seriamente. Su afición por los cultivos de maíz lo convierte en adversario recurrente de los agricultores gallegos, relación bilateral marcada por el rencor mutuo y las trampas ocasionales.
La Nutria: El Barómetro de la Salud Fluvial
La nutria euroasiática (Lutra lutra, londra) es uno de los indicadores ecológicos más fiables de la calidad de los ríos gallegos, en los que campea con una soltura que refleja el estado relativamente bueno — con excepciones notables — de los cursos fluviales de la comunidad. Galicia alberga una de las poblaciones de nutria más densas de Europa, dato que los defensores del medio ambiente invocan con razón y que no impide que los vertidos industriales y agrícolas sigan siendo un problema crónico en determinadas cuencas.
El Desmán Ibérico: El Animal que Nadie Conoce
El desmán ibérico (Galemys pyrenaicus) es probablemente el mamífero más desconocido de Galicia y uno de los más amenazados de Europa. Este pequeño insectívoro semiacuático — pariente lejano del topo, con hocico prensil y patas palmeadas, de aspecto que sugiere un diseño por comité — vive exclusivamente en ríos de montaña bien oxigenados del norte peninsular. Su distribución en Galicia se limita a las cuencas de alta montaña del oriente, donde la calidad del agua sigue siendo suficiente para sus exigencias. Prácticamente nadie sabe que existe. La especie, sin embargo, persiste con la terquedad de quien no lee las estadísticas de amenaza.
La Costa: El Gran Restaurante Ornitológico
Las Rías Gallegas son uno de los sistemas de alimentación más productivos del Atlántico europeo, un hecho que las aves marinas conocen perfectamente y aprovechan con una eficiencia que los biólogos marinos llevan décadas intentando cuantificar. Las rías actúan como trampolín migratorio para millones de aves que cada otoño y primavera recorren la ruta atlántica entre los cuarteles de invierno africanos y los de cría árticos — rutas que pasan por Galicia con la regularidad de un vuelo de bajo coste, pero con más dignidad.
El correlimos (Calidris spp.), el zarapito real (Numenius arquata), la aguja colinegra (Limosa limosa) y decenas de especies de limícolas convierten los intermareal de las rías en un espectáculo ornitológico de primer orden que los aficionados a la observación de aves recorren con telescopios y expresiones de éxtasis que resultan incomprensibles para el resto de la humanidad pero que son perfectamente legítimas.
El cormorán grande (Phalacrocorax carbo, corvo mariño) domina visualmente las rocas costeras con la autoridad de quien lleva aquí más tiempo que cualquier otra institución gallega. La gaviota patiamarilla (Larus michahellis) es omnipresente, oportunista y lo suficientemente inteligente como para haber convertido los vertederos y los puertos pesqueros en sus comedores principales — adaptación al mundo moderno que ciertos economistas calificarían de ejemplar.
El Halcón Peregrino y el Azor: La Aviación Militar
El halcón peregrino (Falco peregrinus, falcón peregrino) nidifica en los acantilados costeros y en algunas estructuras urbanas gallegas con la tranquilidad de quien sabe que es el animal más rápido del planeta — capaz de alcanzar 320 km/h en picado, velocidad que ninguna norma de tráfico gallega contempla ni podría sancionar. Su recuperación poblacional tras las décadas de persecución y contaminación por pesticidas organoclorados es uno de los éxitos conservacionistas más celebrados de Europa.
El azor (Accipiter gentilis, azor) caza en los bosques del interior con una técnica de vuelo de baja altura entre los árboles que parece físicamente imposible hasta que se ve en directo. Su presencia discreta en los robledales y pinares gallegos es uno de esos privilegios que el territorio ofrece a quien sabe mirar en la dirección correcta.
El Urogallo Cantábrico: La Tragedia en Curso
El urogallo cantábrico (Tetrao urogallus cantabricus) es quizás la historia más triste de la fauna gallega y una de las más vergonzosas de la conservación española. Esta subespecie endémica, cuyo macho realiza uno de los despliegues nupciales más espectaculares de la avifauna europea, se encuentra al borde de la extinción con una población que los últimos censos sitúan en apenas unas decenas de individuos en toda su área de distribución. En Galicia, su situación es crítica. Las causas son conocidas — depredación, fragmentación del hábitat, perturbaciones humanas, cambio climático — y las medidas de conservación aplicadas han resultado, hasta el momento, insuficientes. El urogallo sigue desapareciendo mientras los informes sobre su conservación se acumulan.
La Cigüeña Negra: La Aristócrata Tímida
Frente a su prima blanca, que anida en campanarios y tolera la presencia humana con una ecuanimidad rayana en la indiferencia, la cigüeña negra (Ciconia nigra, cegoña negra) es una especie de costumbres radicalmente opuestas: esquiva, forestalmente dependiente, nidificante en roquedos del interior alejados de cualquier perturbación. Su presencia en las sierras orientales gallegas es escasa, discreta y suficiente para que los ornitólogos más persistentes hagan kilómetros con tal de verla.
La Víbora de Seoane: La Única que Puede Hacerte Daño
Galicia alberga una sola especie de serpiente venenosa de relevancia clínica: la víbora de Seoane (Vipera seoanei), endemismo ibérico norteño nombrado en honor del naturalista gallego Víctor López Seoane. De tamaño modesto, temperamento retraído y veneno raramente letal para un adulto sano, la víbora de Seoane pasa la mayor parte de su existencia intentando no cruzarse con nadie — ambición comprensible y generalmente exitosa. Los casos de mordedura son escasos y casi invariablemente consecuencia de intentar cogerla con la mano, actividad que la víbora desaconseja con firmeza.
La Salamandra: El Animal que Decidió Ser Obra de Arte
La salamandra común (Salamandra salamandra, salamántiga) es probablemente el animal más fotogénico de la fauna gallega, con su librea negra moteada de amarillo intenso que parece diseñada por alguien con criterio estético y demasiado tiempo libre. Nocturna y ligada a los bosques húmedos, la salamandra sale tras las lluvias con la puntualidad de quien sabe que el aguacero es su elemento natural — en Galicia, por tanto, tiene muchas oportunidades de salir.
El Tritón Ibérico y la Rana Patilarga: Joyas Endémicas
Los tritones gallegas — Lissotriton boscai, Triturus marmoratus — y la rana patilarga (Rana iberica), endemismo ibérico de montaña, ilustran la riqueza herpetológica de una región donde la abundancia de agua crea hábitats favorables para unos animales que en la España seca simplemente no pueden existir. La rana patilarga, de largas extremidades posteriores que la distinguen de sus congéneres, vive exclusivamente en arroyos fríos y bien oxigenados de montaña — otro indicador biológico de la calidad del agua, otro animal que nadie conoce y que merece más atención de la que recibe.
El salmón atlántico (Salmo salar, salmón) es quizás el animal más simbólico de los ríos gallegos — el pez que remonta desde el océano hasta los ríos de su nacimiento para reproducirse, con un esfuerzo biológico que los fisiólogos describen como extraordinario y que los pescadores de caña gallegos llevan siglos aprovechando deportivamente. Sus poblaciones han disminuido dramáticamente en las últimas décadas a causa de la degradación de los cauces, los obstáculos físicos de presas y azudes, y la sobrepesca histórica. La recuperación del salmón en los ríos gallegos es una prioridad declarada de la administración y un objetivo que avanza con la lentitud característica de las prioridades declaradas.
La lamprea (Petromyzon marinus, lamprea) merece mención especial por ser un animal que lleva 360 millones de años sin cambiar de diseño — detalle que dice mucho sobre la eficacia evolutiva y bastante sobre la conservadora naturaleza de lo que funciona. Sin mandíbulas, con boca circular equipada de dientes córneos y hábitos parasíticos sobre otros peces, la lamprea es uno de esos animales cuya descripción hace que la gente prefiera no saber más. En Galicia, sin embargo, se come — guisada en su propia sangre, receta medieval que los restaurantes del Ulla y el Miño sirven entre enero y abril con una devoción gastronómica que desafía cualquier análisis racional.
Las mejillas, los percebes, los berberechos, las almejas y los erizos de mar son técnicamente fauna gallega, aunque la relación que Galicia mantiene con ellos es principalmente culinaria. Las rías constituyen uno de los ecosistemas marisqueros más productivos del mundo gracias a la surgencia atlántica — el afloramiento de aguas profundas frías y ricas en nutrientes que convierte la costa gallega en un criadero natural de productividad excepcional. Las bateas de mejillón, estructuras flotantes que cubren las rías con una geometría industrial inconfundible, producen el 40% del mejillón europeo — dato que Galicia menciona con orgullo y que cualquier visitante puede verificar mirando el horizonte desde cualquier mirador costero.
Las abejas (Apis mellifera), criadas en las famosas colmenas de piedra gallegas — los alvarizas o cortíns, estructuras circulares de muros de piedra que protegen las colmenas del oso y el ser humano con la misma arquitectura desde hace siglos — producen mieles de brezo, castaño y eucalipto de calidad reconocida que la industria alimentaria local explota con entusiasmo variable.
La fauna gallega es el resultado de millones de años de evolución en un territorio de extraordinaria diversidad ecológica, moderado por el Atlántico y surcado por el agua en todas sus formas. Es un patrimonio biológico de valor incalculable que convive, con tensión creciente, con una economía forestal que prefiere los monocultivos, una ganadería que no siempre es compatible con los grandes depredadores y un cambio climático que está alterando los patrones de distribución con una velocidad que los ecosistemas difícilmente pueden seguir.
El lobo, el urogallo, el desmán, el salmón: todos llevan aquí mucho más tiempo que cualquier administración pública y todos necesitan, básicamente, la misma cosa que la flora gallega: que alguien decida, de una vez, que merecen seguir existiendo.
Parece poco pedir. Y sin embargo.