La ciudad de cristal, el faro más antiguo del mundo y una heroína que plantó cara a los ingleses con lo que tenía a mano
ACoruña tiene la costumbre, un poco exasperante y un poco admirable, de ser varias cosas al mismo tiempo sin que ninguna de ellas cancele a las demás. Es una ciudad atlántica de tamaño medio — unos doscientos cincuenta mil habitantes — con vocación de ciudad grande. Tiene una de las fachadas urbanas más singulares de Europa, un faro romano que lleva dos mil años funcionando, una plaza que lleva el nombre de una mujer que en 1589 salió a defender su ciudad con una lanza y un tambor, y una rivalidad con Vigo que los gallegos del sur y del norte mantienen con el cariño ligeramente hostil de quienes llevan demasiado tiempo discutiendo para dejarlo ahora.
La ciudad se asienta sobre una península que avanza hacia el Atlántico con la confianza de quien no teme lo que hay al otro lado. El puerto al sur, protegido. El océano abierto al norte y al oeste, sin contemplaciones. En medio, una ciudad que ha aprendido a convivir con el viento con la misma naturalidad con que otras ciudades conviven con el sol.
La Torre de Hércules
En el extremo norte de la península, sobre un promontorio de roca que el Atlántico lleva siglos intentando erosionar sin demasiado éxito, se alza la Torre de Hércules: el faro más antiguo del mundo que sigue en funcionamiento. Construido por los romanos en el siglo I o II después de Cristo — probablemente bajo el mandato del arquitecto Gaio Sevio Lupo, cuya firma aparece en una inscripción encontrada en el lugar — el faro ha guiado barcos durante casi dos mil años con esa continuidad que resulta difícil de comprender hasta que uno se para a pensarlo. Mientras caían imperios, se fundan y destruían ciudades y el mundo cambiaba de forma varias veces, alguien en A Coruña seguía encendiendo la luz del faro cada noche para que los barcos no se perdieran.
La torre actual, de cincuenta y cinco metros de altura, es en gran parte una reconstrucción del siglo XVIII — la fachada exterior es neoclásica, obra del ingeniero Eustaquio Giannini — pero en su interior conserva la estructura helicoidal romana original, una rampa en espiral que permitía subir el combustible hasta la cima con animales de carga. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 2009, la Torre de Hércules no es solo un monumento: es el tipo de continuidad que hace que la historia deje de ser una abstracción y se convierta en algo con la textura de la piedra y el olor del mar.
"Dos mil años encendiendo la misma luz en el mismo sitio. Hay cosas peores a las que dedicar una existencia."
Las galerías: el cristal como respuesta al clima
Si la Torre de Hércules es el símbolo más antiguo de A Coruña, las galerías son el más fotogénico. La fachada que da al puerto — el llamado Pazo de María Pita y los edificios que lo flanquean, pero sobre todo el Paseo de la Dársena y los inmuebles que miran al mar — está cubierta de galerías acristaladas que brillan con la luz cambiante del Atlántico con una intensidad que hace que la ciudad parezca construida de cristal y cielo. La imagen es tan característica que A Coruña es conocida popularmente como la Ciudad de Cristal.
Las galerías no son decoración: son una solución arquitectónica de una lógica aplastante. En una ciudad con tantos días de lluvia y viento como A Coruña, cerrar la fachada con cristal permite tener luz natural, vistas al mar y protección del tiempo a la vez. Los coruñeses del siglo XIX que empezaron a construirlas no estaban haciendo arquitectura de vanguardia: estaban resolviendo un problema cotidiano con los medios disponibles. El resultado estético fue, en cierto modo, un accidente que duró ciento cincuenta años y que hoy define la identidad visual de la ciudad de una manera que ningún plan urbanístico podría haber conseguido de forma deliberada.
María Pita y el día que A Coruña dijo que no
En 1589, un año después del desastre de la Armada Invencible, el corsario inglés Francis Drake llegó a A Coruña con una flota de ciento cincuenta barcos y casi veinte mil hombres con la intención de saquear la ciudad y completar la humillación de España. La ciudad resistió durante quince días con una guarnición ridículamente pequeña. Y en un momento crítico del asedio, cuando los ingleses habían trepado las murallas y la situación era desesperada, una mujer llamada María Mayor Fernández de Cámara y Pita — viuda de un soldado muerto en la batalla — tomó la lanza de un alférez caído, mató al portador del estandarte inglés e impidió que la bandera enemiga ondeara sobre los muros. La ciudad resistió. Drake se fue sin lo que venía a buscar.
María Pita — como la conoce todo el mundo en A Coruña — es hoy la heroína oficial de la ciudad. La plaza central lleva su nombre. Su estatua preside el espacio con una energía que los monumentos a generales a caballo raramente consiguen: una mujer de pie, con la lanza en la mano, en el gesto exacto del momento que lo cambió todo. Es uno de los monumentos más honestos de Galicia, y uno de los pocos en que el héroe resulta ser exactamente quien uno esperaría que fuera en una ciudad de marineros y mujeres fuertes.
La ciudad que Inditex construyó
A Coruña tiene también una historia económica reciente que merece atención. En 1975, Amancio Ortega fundó en la ciudad lo que sería el germen de Inditex, el mayor grupo de moda del mundo, propietario de Zara, Massimo Dutti, Pull&Bear, Bershka y otras marcas que hoy tienen tiendas en casi todos los países del planeta. El cuartel general de Inditex sigue estando en Arteixo, a pocos kilómetros de A Coruña, y la influencia del grupo sobre la economía y la imagen de la ciudad es difícil de exagerar. A Coruña es, entre otras cosas, la ciudad desde la que se diseña y distribuye la ropa que viste medio mundo. Es un dato que los coruñeses mencionan con una mezcla de orgullo y normalidad que resulta bastante característica.
El Paseo Marítimo y la ciudad que camina
A Coruña tiene uno de los paseos marítimos más largos de Europa: más de trece kilómetros que rodean casi toda la península, desde la playa de Riazor y el estadio de fútbol hasta la Torre de Hércules, pasando por el puerto deportivo, las playas urbanas y los jardines de San Carlos donde reposa, en una tumba discreta bajo un árbol, sir John Moore, el general británico que murió en A Coruña en 1809 luchando esta vez del lado español contra las tropas napoleónicas. La historia de A Coruña tiene esa capacidad de sorpresa constante: la misma ciudad que resistió a Drake acoge doscientos años después la tumba del general inglés con una generosidad que dice mucho sobre cómo cambian los enemigos con el tiempo.
El paseo es el lugar donde la ciudad vive al aire libre. Corredores, familias, ancianos, perros, estudiantes: a cualquier hora del día hay gente en el paseo, con el Atlántico a un lado y la ciudad al otro, con ese viento que nunca para del todo y que en A Coruña hace las veces de banda sonora permanente.
Vigo versus A Coruña: el debate eterno
No sería honesto escribir sobre A Coruña sin mencionar su relación con Vigo. Las dos ciudades más grandes de Galicia llevan décadas discutiendo cuál de las dos merece ser considerada la capital real de la comunidad — no la oficial, que es Santiago, sino la verdadera, la que importa. Vigo tiene más habitantes, más puerto, más industria. A Coruña tiene más historia institucional, la sede del Tribunal Superior de Justicia, y la Torre de Hércules. Vigo tiene el Celta. A Coruña tiene el Deportivo, que en el año 2004 eliminó al Milan de la Champions con uno de los resultados más inverosímiles de la historia del fútbol europeo. El debate no tiene solución ni la busca: su función es otra, la de mantener viva una rivalidad que a los gallegos del norte y del sur les resulta infinitamente más entretenida que cualquier acuerdo.
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A Coruña es una ciudad que el viajero que viene desde las Rías Baixas encuentra distinta: más expuesta al Atlántico, más ventosa, con esa luz de costa norte que tiene más gris y más plata que la del sur. Pero tiene la misma piedra, la misma manera gallega de tomarse las cosas, y esa combinación de orgullo local e ironía tranquila que hace que la conversación con cualquier coruñés acabe siendo más interesante de lo que uno esperaba. La torre lleva dos mil años encendida. Eso, de alguna manera, lo explica todo.