La ciudad de los condes, la puerta de la Ribeira Sacra y el lugar donde el vino tinto empieza a tener sentido
Monforte de Lemos tiene unos diecisiete mil habitantes, una posición geográfica de encrucijada entre valles que la convierte en la capital natural de la Ribeira Sacra, y una acumulación de patrimonio histórico que resulta desproporcionada incluso para los estándares gallegos, que en esta materia son ya de por sí generosos. Torre medieval, monasterio benedictino, colegio jesuita del siglo XVI financiado por los condes más poderosos de Galicia, parador nacional en el antiguo convento, viaducto ferroviario que cruza el Cabe con la elegancia de la ingeniería del XIX, y la Ribeira Sacra a menos de media hora en cualquier dirección. Monforte no es un destino turístico de primer orden en el sentido en que lo son Santiago o las Rías Baixas. Es algo más útil para quien quiere entender el interior de Galicia: una ciudad real, con historia real, que funciona como base para explorar uno de los paisajes más extraordinarios de la comunidad.
La ciudad debe su nombre y su historia a los Condes de Lemos, el linaje nobiliario más poderoso de la Galicia bajomedieval y moderna. Los Castro — la familia que ostentó el condado de Lemos durante generaciones — ejercieron desde Monforte un poder que en su momento de mayor esplendor se extendía sobre buena parte de la provincia de Lugo y que dejó en la ciudad una huella arquitectónica que todavía hoy define su silueta: el Pazo de los Condes en lo alto del monte, con su torre medieval visible desde kilómetros a la redonda, y el impresionante complejo del Colegio de la Compañía financiado por la condesa Catalina de la Cerda a finales del siglo XVI.
El monte y la torre: la ciudad desde arriba
Monforte se entiende mejor desde arriba. El monte de San Vicente, que domina la ciudad por el norte, tiene en su cima los restos del antiguo castillo de los Condes de Lemos — hoy parcialmente ocupado por el Parador de Monforte — y la Torre del Homenaje medieval, de veinte metros de altura, que es el símbolo visual de la ciudad y el punto desde el que el visitante comprende de golpe la geografía que rodea Monforte: el río Cabe serpenteando por el valle, los viñedos de la Ribeira Sacra en las laderas, la ciudad extendiéndose al pie del monte con su trama histórica visible desde arriba como un mapa de su propio pasado.
El Parador de Monforte — instalado en el antiguo convento benedictino de San Vicente del Pino, cuya iglesia románica del siglo XII todavía forma parte del conjunto — es uno de los más singulares de la red española: dormir en un monasterio medieval con vistas al valle de la Ribeira Sacra y despertarse con el Cabe brillando en el fondo es una experiencia que la combinación de historia y paisaje hace difícilmente superable en el interior de Galicia.
"Desde la torre de Monforte se ve la Ribeira Sacra entera. Los condes de Lemos eligieron bien dónde poner su castillo."
El Colegio de la Compañía: el Escorial gallego
A los pies del monte, en el centro de la ciudad, el Colegio de Nuestra Señora de la Antigua — conocido simplemente como el Colegio de la Compañía — es el edificio más impresionante de Monforte y uno de los conjuntos jesuitas más importantes de España. Financiado por Catalina de la Cerda, condesa de Lemos, e iniciado en 1592 bajo la dirección de arquitectos que habían trabajado en El Escorial, el colegio tiene una escala y una ambición que en Monforte resultan todavía más sorprendentes que en cualquier ciudad grande: un patio renacentista de proporciones perfectas, una iglesia con fachada de granito de una austeridad que el Renacimiento gallego manejó con una elegancia que el Barroco posterior raramente mejoró, y una pinacoteca que incluye obras de El Greco, Andrea del Sarto y otros pintores de primera línea que los jesuitas y los condes reunieron con el gusto y el dinero que ambas cosas juntas permiten.
Torre del Homenaje
Siglo XIV. El símbolo de Monforte. Veinte metros de granito sobre el monte San Vicente. Vistas a la Ribeira Sacra desde la cima.
Parador de San Vicente
Monasterio benedictino del siglo XII reconvertido. Iglesia románica, claustro, vistas al valle. Uno de los paradores más singulares de Galicia.
Colegio de la Compañía
1592. Jesuita, renacentista, con pinacoteca que incluye El Greco. El edificio civil más importante de Monforte. Llamado el Escorial gallego con cierta justicia.
Viaducto del Cabe
Ingeniería ferroviaria del siglo XIX. Cruza el río Cabe con una elegancia que los ingenieros modernos raramente consiguen. Parte del paisaje urbano de Monforte desde 1883.
La pinacoteca del Colegio merece una visita detenida. Las obras reunidas aquí — entre ellas varias tablas flamencas del siglo XVI y los óleos atribuidos a El Greco que son la pieza más célebre de la colección — llegaron a Monforte a través de los Condes de Lemos y de las redes de mecenazgo jesuita que en el siglo XVI conectaban los focos artísticos europeos con las instituciones religiosas de la Península. Que pinturas de esta calidad estén en un colegio jesuita de una ciudad media del interior de Galicia es uno de esos accidentes históricos que la descentralización del mecenazgo renacentista producía con una generosidad que los museos nacionales llevan siglos intentando corregir en su favor.
La puerta de la Ribeira Sacra
La razón más práctica para visitar Monforte es su posición geográfica. La ciudad está en el centro exacto de la Ribeira Sacra: a veinte minutos del Cañón del Sil, a treinta del embalse de Santo Estevo desde donde salen los catamaranes, a cuarenta de los monasterios de Santa Cristina y San Pedro de Rocas, a cincuenta de Chantada y los miradores del Miño. Ningún otro punto de la comarca ofrece una accesibilidad comparable a los lugares más importantes de la Ribeira Sacra, y Monforte tiene además la infraestructura hotelera y gastronómica que los municipios más pequeños de la comarca no pueden ofrecer.
El río Sil y el río Miño confluyen cerca de Monforte después de haber tallado los cañones que definen el paisaje de la Ribeira Sacra. Desde la ciudad, en días claros, se puede ver el comienzo de ese territorio de acantilados y viñedos en terraza que los monjes medievales poblaron con una densidad que hoy resulta difícil de imaginar. Monforte era en la Edad Media el centro administrativo y comercial al que se orientaban los monasterios de la comarca: el lugar donde se vendía el vino, donde se compraba lo que no se producía en el cañón, donde se resolvían los pleitos y se sellaban los contratos. Esa función de nodo para el territorio circundante la sigue cumpliendo, en escala reducida, para el turismo que descubre la Ribeira Sacra.
El Mencía y la tradición vinícola local
Monforte tiene también su propia relación con el vino de la Ribeira Sacra. Los viñedos que rodean el valle del Cabe — no en los espectaculares cañones del Sil sino en laderas más suaves y accesibles — producen Mencías que las bodegas locales comercializan con una identidad propia dentro de la DO Ribeira Sacra. Los restaurantes de Monforte sirven el Mencía local con la familiaridad de quienes beben el vino del territorio porque siempre lo han hecho, antes de que los críticos internacionales lo descubrieran y le pusieran notas de cata.
El mercado semanal de Monforte, que los jueves llena el centro con puestos de productos locales — quesos, embutidos, verduras, vino de cosechero —, es uno de los mejores lugares para entender la Galicia interior que no aparece en los folletos turísticos: la que produce, la que intercambia, la que va al mercado con lo que tiene y vuelve a casa con lo que necesita. Una economía local que el supermercado no ha terminado de sustituir y que en Monforte todavía tiene la vitalidad de lo que sigue siendo necesario.
· · ·
Monforte de Lemos es la ciudad que completa la Ribeira Sacra: si los cañones del Sil son el espectáculo y los monasterios son la historia, Monforte es la base, el contexto y la escala humana que hace que todo lo demás tenga sentido. La torre en el monte lleva setecientos años señalando el valle. El Colegio de la Compañía lleva cuatrocientos guardando sus El Grecos con la discreción de quien no necesita publicidad. Y el Mencía en las bodegas del centro lleva generaciones siendo el vino que los monfortinos beben sin preguntarse si es suficientemente famoso. En Galicia, esas cosas se resuelven solas con el tiempo.