La ciudad donde el agua caliente brota del suelo en plena calle y los romanos ya lo sabían hace dos mil años
Ourense tiene un problema de imagen que no merece. Es la única capital de provincia gallega sin costa, lo que en una comunidad donde el mar lo domina todo la ha condenado históricamente a un segundo plano. Los turistas que vienen a Galicia van a las Rías Baixas, a Santiago, a Vigo, a A Coruña. Ourense aparece en los itinerarios, si aparece, como parada intermedia o desvío opcional. Es un error de cálculo que los que conocen la ciudad encuentran en parte conveniente — menos gente, más ciudad real — y en parte injusto, porque Ourense tiene cosas que ninguna otra ciudad de Galicia tiene. Entre ellas, la más insólita: fuentes de agua termal que brotan directamente en el centro urbano, en plena orilla del río Miño, a temperaturas que en algunos puntos superan los sesenta y cinco grados. En Ourense, literalmente, la ciudad tiene fiebre.
Con unos cien mil habitantes, Ourense es la tercera ciudad de Galicia por población y la capital de la provincia más interior y más montañosa de la comunidad. Sin mar, sin ría, sin las ventajas climáticas de la costa atlántica, tiene sin embargo un casco histórico de gran calidad, una catedral románica de primer orden, un puente medieval que lleva en pie desde el siglo XIII, y esas aguas termales que los romanos aprovecharon, que la Edad Media olvidó y que el siglo XXI ha redescubierto con entusiasmo que la ciudad no siempre sabe muy bien cómo gestionar.
Las termas: el milagro geológico
El origen del fenómeno termal de Ourense es estrictamente geológico y no tiene nada de milagroso, aunque el resultado lo parezca. El agua de lluvia que cae en las sierras que rodean la ciudad se infiltra en el subsuelo y desciende a profundidades de entre dos y tres kilómetros, donde el calor del magma la calienta hasta temperaturas de entre sesenta y cien grados. Esa agua caliente asciende después por fracturas naturales en el granito y aflora en la superficie a lo largo de una franja de varios kilómetros que sigue el curso del Miño. El proceso completo — desde que el agua cae como lluvia hasta que emerge caliente del suelo — dura entre tres mil y diez mil años. Lo que brota hoy en las termas de Ourense cayó como lluvia en la Edad de Hierro.
Ourense tiene más de setenta manantiales termales en su término municipal, con temperaturas que van desde los treinta grados hasta más de setenta. Los romanos, que tenían un olfato infalible para los recursos naturales útiles, fundaron aquí la ciudad de Aquae Originis — las aguas del origen — precisamente por este motivo. Las termas romanas que construyeron junto al río son el origen histórico de la ciudad. El nombre de Ourense viene, según la etimología más extendida, del latín aquae urentes: las aguas ardientes. Una ciudad que lleva su recurso principal en el propio nombre.
"En Ourense, el agua que cae hoy como lluvia saldrá caliente del suelo dentro de cinco mil años. La paciencia geológica no tiene rival."
Las piscinas termales que hoy aprovechan esas aguas son de acceso gratuito en su mayoría — un detalle que distingue a Ourense de cualquier otro destino termal europeo donde el agua caliente es un producto de lujo. Las burgas del centro histórico, donde el agua brota a más de sesenta grados directamente de la roca en plena calle, son el símbolo más reconocible de la ciudad: tres fuentes de vapor permanente a pocos metros de la catedral, usadas durante siglos para cocinar, para lavar y para curar, y que hoy los ourensanos pasan al lado sin mirarlas con la indiferencia de quien lleva toda la vida conviviendo con un prodigio.
As Burgas
En el casco histórico. Tres fuentes a 67°C en plena calle. El símbolo termal de la ciudad. Gratuitas, humeantes, completamente reales.
Termas de Outariz
A orillas del Miño, a pocos minutos del centro. Piscinas al aire libre a distintas temperaturas, entre eucaliptos y el río. Gratuitas. Las más populares.
Termas de Muíño da Veiga
Más salvajes, integradas directamente en el lecho del río. En invierno, con el vapor sobre el agua fría del Miño, el paisaje es de otro planeta.
Termas de Chavasqueira
Con instalaciones más organizadas. Varias piscinas a distintas temperaturas. El punto de entrada más cómodo para quien llega por primera vez.
La catedral y el casco histórico
Ourense tiene una catedral románica que en cualquier otra ciudad sería el principal argumento turístico. Aquí comparte protagonismo con el agua caliente, lo que le da una perspectiva interesante pero quizás injusta. Iniciada en el siglo XII sobre los restos de una iglesia visigoda anterior, la catedral de San Martiño de Ourense es uno de los grandes ejemplos del románico gallego: una nave central de proporciones imponentes, una capilla mayor con decoración barroca que contrasta con la austeridad del resto, y sobre todo el Pórtico del Paraíso, una reproducción —elaborada, policromada y llena de vida— del Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela, construida en el siglo XIII por artesanos que conocían directamente la obra del Maestro Mateo. Las figuras del Pórtico de Ourense conservan rastros de su policromía original, lo que les da una vividez que el granito desnudo de Santiago ya no tiene.
El casco histórico que rodea la catedral es compacto y recorrible en pocas horas, con plazas de granito donde la vida local ocurre con independencia del turismo y callejuelas que descienden hacia el río con esa topografía de ciudad de interior construida sobre colinas que tiene Ourense y que la diferencia de la planicie costera. La Praza Maior, con el Ayuntamiento neoclásico y los soportales que protegen del sol — aquí, a diferencia de la costa, el sol de verano es un problema real —, tiene esa escala de ciudad media bien conservada que convierte el paseo en un placer sin esfuerzo.
El Puente Romano y el Miño
El Puente Mayor de Ourense — conocido popularmente como el Puente Romano aunque en realidad es medieval, construido en el siglo XIII sobre los pilares de un puente romano anterior — cruza el Miño con siete arcos de granito que llevan en pie ochocientos años. Es uno de los puentes medievales mejor conservados de Galicia y el eje visual desde el que la ciudad muestra su relación con el río: las termas de Outariz a un lado, el casco histórico subiendo la colina al otro, y el Miño entre los pilares con esa amplitud de río interior que no tiene la urgencia del mar pero tiene su propia gravedad.
El paseo fluvial que bordea el Miño a ambos orillas, con las termas al aire libre integradas en el recorrido, convierte el río en el espacio público más activo de la ciudad. En invierno, cuando la niebla del río se mezcla con el vapor de las termas y la temperatura del agua contrasta con el frío del aire, el paisaje tiene una calidad onírica que las guías turísticas nunca consiguen capturar del todo.
El clima: la Galicia que no sabe de lluvia
Ourense es la ciudad más calurosa de Galicia y una de las más calurosas de España en verano. Protegida de los vientos atlánticos por las sierras que la rodean, sin la moderación térmica del mar, Ourense registra temperaturas que en julio y agosto superan con frecuencia los cuarenta grados — un detalle que sorprende profundamente a quien llega esperando la Galicia verde y lluviosa del imaginario colectivo. Los ourensanos llevan el calor con la resignación práctica de quien no puede hacer nada al respecto y con la satisfacción secreta de poder lucir el único verano mediterráneo de una comunidad atlántica.
En invierno, el contraste se invierte: las mismas sierras que bloquean la humedad atlántica en verano pueden traer frío seco y nieblas persistentes en los meses más cortos. Es entonces cuando las termas al aire libre muestran su mejor versión — el vapor sobre el agua caliente, el frío del aire, el río al fondo — y cuando Ourense tiene ese aspecto de ciudad que sabe lo que tiene y no necesita que nadie se lo confirme.
Puerta de la Ribeira Sacra
Ourense es también el punto de entrada más natural a la Ribeira Sacra. Los cañones del Sil y del Miño, los monasterios románicos, los viñedos en terraza y el Mencía de las bodegas más interesantes de la comarca están a entre treinta y sesenta minutos en coche desde la ciudad. Para el viajero que quiere combinar termalismo, patrimonio histórico y paisaje de interior en un mismo itinerario, Ourense como base ofrece una eficiencia geográfica que ningún otro punto de la región puede igualar.
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Ourense es la ciudad gallega que más recompensa al viajero que llega sin grandes expectativas. No tiene playa ni faro romano ni plaza jacobea. Tiene agua caliente que brota del suelo desde hace dos mil años, una catedral que la mayor parte de los turistas que pasan por Galicia nunca ven, un río que en invierno humea como si la ciudad tuviera vida propia bajo la superficie, y esa atmósfera de capital de interior — más tranquila, más suya, menos dependiente de lo que los demás piensen de ella — que en Galicia tiene un valor especial precisamente porque todo el mundo mira hacia la costa. Ourense mira hacia adentro. Y lo que ve no está nada mal.